APROXIMACION SINTETICA A LA
      NUEVA OLEADA DE LUCHAS EN EL CENTRO CAPITALISTA

      REFLEXION SOBRE SUS LECCIONES PARA EUSKAL HERRIA


      4.-------------- LA MODERNA FEROCIDAD BURGUESA.

      La contraofensiva general burguesa iniciada a mediados de los setenta no rindió los frutos deseados por varios factores, entre los que destacamos el que no atacara brutalmente a las clases trabajoras. Entonces, cuando se padecían las primeras medidas de lo que se denominó "reestructuración industrial" no se vivió así; se pensó que el Capital atacaba con todos sus recursos disciplinadores, restringiendo incluso los niveles prácticos de democracia burguesa y endureciendo el Estado autoritario y policial. Pero el tiempo demostraría bien pronto que la clase dominante disponía de voluntad y de medios represivos suficientes para endurecer el ataque al Trabajo. Lo cierto, en resumen, es que el grueso de la clase que vive del trabajo asalariado resistió esa primera embestida.

      4-1.- EL FRACASO RELATIVO.

      Una de las causas por las que el Capital no se lanzó a fondo, además de por la fuerza político-sindical del movimiento obrero, popular y social, radicaba en que la URSS y el "socialismo real" seguía apareciendo como el guardián, el referente y la reserva de buena parte de ese movimiento obrero; aunque sus debilidades internas ya eran perceptibles sobre todo en la legitimidad política desde finales de los sesenta, todavía se mantenía tanto su apariencia de poder socioeconómico, tecnocientífico y teórico, como su legitimidad y papel de garante práctico en muchas áreas del tercer mundo. Dentro de Europa, los marcos geopolíticos seguían siendo los de los pactos entre EEUU y la URSS a finales de la segunda guerra mundial.

      Esta razón nos lleva a la tercera, a la situación mundial marcada no sólo por la existencia de la URSS, China Popular, Cuba, Argelia, Vietnam, etc, sino también por un significativo e influyente Movimiento de los No Alineados, y por el peso que había acumulado la OPEP, la organización que coordinaba a los países productores de petróleo y les facilitaba su defensa ante la ferocidad imperialista. Dado que la tasa media de beneficio del Capital dependía cada vez más del abaratamiento de las energías, materias primas, recursos estratégicos y bases operativas de sus fuerzas represivas, y dado que era ya entonces irrompible el circuito de alimentación mutua entre las economías del centro y de la periferia, por ambas razones era imposible e impensable querer dividir y enfrentar entre sí al movimiento obrero del centro sin aumentar las sobreganancias extraídas de la explotacióm de la periferia; dividir y enfrentar a los trabajadores del centro exigía más dinero que sólo podía extraerse del tercer mundo.

      Pero, y esto nos lleva a la cuarta razón del fracaso relativo del ataque burgués, la legitimidad política, cultural y ético-moral de la dominación capitalista estaba bastante cuestionada, y en partes importantes de su concepción abiertamente negada. Recordemos que una de las bases de esa legitimidad es la de justificar el derecho de una minoría muy minoritaria a poseer legalmente en forma de propiedad privada la inmensa mayoría de las fuerzas productivas y en base a ello apropiarse privadamente de la inmensa mayoría del producto social, de los bienes producidos por el trabajo social. En los principales países capitalistas, esta legitimidad estaba debilitada, mientras que se valoraba fuertemente el carácter social, colectivo, popular, tanto de la producción como de lo producido. El muy mal llamado "Estado del bienestar" (ż?) y la importancia de sus prestaciones sociales y asistenciales, se basaban en esa legitimidad colectiva, antagónica con los dogmas del egoísmo individualista burgués. Además, en sectores sociales se cuestionaba la explotación imperialista y se debilitaba lentamente el prestigio de la URSS. Por último, en países importantes del centro aún se recordaba el comportamiento de sus burguesías durante el nazi-fascismo, y aunque había habido una intensa campaña de desmemorización y olvido del pasado, un pacto de silencio, solamente habían transcurrido tres décadas desde 1945.

      4.2.- DOS MEDIDAS GENERALES.

      Muy lógicamente, la siguiente fase de la contraofensiva iba dirigida a superar cuanto antes esas cuatro trabas. Reagan y Thatcher simbolizan las caras públicas del neoliberalismo, pero más daño que ambos criminales lo hicieron los partidos socialdemócratas y de centro que, con la excusa de mantener la competitividad económica, etc, dieron credibilidad al neoliberalismo o lo aplicaron en silencio, abandonando definitivamente el debilitado keynesianismo aplicado hasta entonces. Ahora no podemos detenernos suficientemente en cada uno de los cuatro problemas vistos, pero aunque sí los sintetizaremos en los dos temas que nos interesan en este texto -la negación de la centralidad del Trabajo y el inicio de otra fase de luchas anticapitalistas-, debemos recordar varias cosas.

      Una de ellas es la multiplicación de las presiones contra la URSS. La famosa "guerra de las galaxias" inició la segunda guerra fría y se basaba tanto en la necesidad endógena del capitalismo yanki para reactivar su decisivo complejo industrial-militar, como en la certidumbre de que el correspondiente esfuerzo defensivo soviético agudizaría sus debilidades internas. Aunque la implosión de la URSS se debió a la interrelación sinérgica de varias crisis parciales que no podemos exponer aquí, los ingentes gastos improductivos absorbidos por la necesidad de responder a la segunda guerra fría aceleraron la descomposición del sistema entero. Recordemos también las agresiones a Cuba, Nicaragua, Argelia, China Popular, Vietnam y sudeste asiático, etc, etc.

      Otra, muy relacionada con ésta, fue el cerco, acoso y derribo de los países no alineados, el debilitamiento casi hasta la humillación de la OPEP y el reforzamiento de los poderes genocidas en amplísimas zonas del tercer y cuarto mundos. El Capital logró así abaratar las energías, materias primas y recursos estratégicos, y asegurarse sólidas bases de control militar. Obviamente, además de multiplicar los beneficios por la expoliación, también destrozó las defensas de autoprotección de los pueblos ante el comercio mundial ya en proceso de globalización impulsado por el GATT y luego acelerado por su proyecto de transformación en OMC, y más adelante en AMI.

      4.3.- CUATRO MEDIDAS CONCRETAS.

      Pero para los temas que nos interesan ahora, el ataque a la centralidad del Trabajo y el nacimiento de una nueva oleada de luchas, son más importantes los efectos causados por la confluencia de varias medidas burguesas entre las que destacan la política económica oficial, la introducción de nuevas tecnologías, la rotura consciente de la unidad de clase y la utilización del paro y de la precarización como instrumentos de control social.

      La primera, la política económica busca derivar hacia el Capital la mayor parte posible de las rentas que antes iban al Trabajo. La razón es aumentar la tasa media de beneficio, sobre todo la de las fracciones financieras y de nuevas tecnologías. Para ello, la política monetarista potencia la especulación, la circulación de capitales y las facilidades de explotación. A la vez, ha de cuidar el equilibrio y estabilidad de las grandes magnitudes, de las cifras de la macroeconomía en detrimento de la microeconomía popular. Aunque invierte en el sector primario, el de producción de bienes de producción, en éste lo hace fundamentalmente en la inversión para la producción intangible e inmaterial. Pero sobre todo invierte en el sector secundario, el de producción de bienes de consumo, y dentro de éste en sus ramas más productivas como las del consumo de cultura y ocio mercantilizados, etc. No hace falta decir que también lo hace en el sector terciario o de producción de bienes de destrucción, armas y ejércitos, derrochador e improductivo incluso a corto plazo.

      La segunda, la introducción de nuevas tecnologías no sólo busca aumentar el beneficio particular de un empresario concreto, sacrificando trabajo vivo por muerto, por máquinas, sino a la vez vencer la resistencia del Trabajo, dividir a los trabajadores con infinitas categorías, imponer otra temporalidad caracterizada por muchos horarios diferentes, desvertebrar geográfica y vivencialmente al Trabajo distanciando el lugar de trabajo del lugar de vida extralaboral, etc. Sobre todo se procede a expropiar al Trabajo de su saber acumulado, de sus conocimientos prácticos sobre el proceso de trabajo, e introducir ese saber obrero en la producción mediante nueva tecnología. A la vez, se debilitan sobremanera las formas de resistencia, absentismo, escaqueo, tiempos libres y no controlados, etc.

      La tercera, la rotura consciente de la unidad de clase de los trabajadores viene muy facilitada por la introducción de las nuevas tecnologías, pero hay que insistir en que, además, existe un especial interés del Capital por romper y dividir la unidad obrera. Es más, en todas las oleadas anteriores de lucha ésta es una cuestión decisiva, como ahora, aunque se presentaba de otras formas según los tiempos. La reinstauración de las contratas, subcontratas y ETT,s, del trabajo negro y a domicilio, etc, por no hablar de la extensión del trabajo infantil y de los talleres clandestinos de emigrantes ilegales en el mismo centro capitalista, nos retrotraen a prácticas habituales en períodos anteriores. El recurso a mano de obra exterior, emigrantes que hacen de esquiroles, también. La multidivisión de escalas, tareas, salarios y recompensas es una de las armas históricas de la patronal.

      La cuarta, la imposición de una vida cotidiana atemorizada por el paro, acogotada por la precarización, atrapada por las urgencias y hundida en el pesimismo existencial, esta vivencialidad que se extiende en la materialidad diaria pero que se endulza con la alienación en todas sus formas, es otro de los recursos decisivos del Capital para doblegar al Trabajo. En realidad es el recurso penúltimo, porque el último es la represión masiva, contrarrevolucionaria y generalizada. El paro no es un castigo ineluctable e incontrolable, sino una estrategia económica que oculta un preciso objetivo político como es el de paralizar, en primer lugar, la resistencia económica de la clase que vive del trabajo asalariado pero, sobre todo, impedir que dé el salto cualitativo a la conciencia política y, simultáneamente, hacer que sectores obreros y populares, desesperados, giren hacia la derecha y extrema derecha. Aquí, el racismo y el sexismo tienen una función clave.

      4.4.- UNA IDEOLOGIA INHUMANA.

      Estos cuatro jinetes del Apocalipsis muestran la ferocidad de la burguesía contemporánea, moderna, que no divaga en debates sobre la postmodernidad, sino que quiere hacerse más rica en el mínimo tiempo posible. Su ideología es la de la máxima rentabilidad con el menor costo de inversión ahorrando el mayor tiempo. Para endulzar o tapar el contenido furibundo de esta práctica y de su ideología justificativa, la burguesía ha reforzado el ataque a la centralidad del Trabajo. No es un tema secundario o superado por la llamada "civilización del ocio" o "del tiempo libre", como dicen. La centralidad del Trabajo es el problema filosófico básico para entender a la especie animal humana a lo largo de su historia evolutiva. La toma de conciencia de su importancia sólo pudo empezar cuando las contradicciones sociales surgidas por la explotación del trabajo cuartearon profundamente y al poco tiempo escindirían irreconciliablemente a las comunidades humanas.

      Primero y permanentemente desde entonces, la explotación de la fuerza sexo-económica de trabajo de la mujer, después y basándose en ella, la explotación de esclavos, campesinos, siervos, asalariados, emigrantes, pueblos oprimidos, grupos étnicos... Desde el inicio de este proceso inhumano, que ya aparece justificado en las religiones patriarcales, hasta el más reciente neoliberalismo, a lo largo de este proceso el problema del papel del trabajo ha ido creciendo. No podemos hacer ahora siquiera un brevísimo recorrido por entre la historia del pensamiento humano para ver cómo desde las religiones patriarcales que justificaron la explotación de la mujer, y después desde los primeros filósofos griegos y chinos que ya conocieron los efectos de la economía dineraria y mercantil, hasta las actuales idioteces sobre "el fin del trabajo", en todo este recorrido la importancia del trabajo humano como problema teórico ha ido aumentando. La razón hay que buscarla en el hecho de que cada vez que se ha querido comprender qué es lo que mide el producto del trabajo siempre, de algún modo u otro, empírica o teóricamente, los estudiosos han acabado acercándose a la teoría del valor-trabajo y consiguientemente a la existencia del plusvalor y de la plusvalía. O sea, estamos hablando de la explotación. Pues bien, desde los años setenta, aunque ya había anuncios previos, la economía burguesa se obstina en rechazar por "anticientífica" esa prolongada experiencia histórica.

      El contenido inhumano de la ideología burguesa moderna surge precisamente de su afán y necesidad por negar el papel esencial del trabajo en la construcción social de la naturaleza humana. Lo que la burguesía busca es reducir los humanos a simples máquinas sin conciencia ni poder autopoiético. Ambas cosas se unifican en el trabajo concreto, o sea, en el hacer material, en la creación de valores de uso, y luego, con la evolución socioeconómica mercantilizada, en el trabajo abstracto, en la capacidad de hacer bienes que según las circunstancias pueden transformarse o no en valores de cambio, como mercancías. Si el Capital triunfa en esta batalla teórico-propagandística, eminentemente sociopolítica, habrá reforzado muy fuertemente su dominación sobre el Trabajo por el sencillo hecho de que éste no será ya consciente de sí, no tendrá subjetividad propia y su identidad será la que le dicte el Capital. La tesis burguesa del "fin del trabajo" mezcla el trabajo concreto y abstracto, niega el contenido político de la economía, niega la explotación de la fuerza de trabajo y pulveriza la sociedad humana en infinitos átomos individualistas y egoístas. ĦSálvese quien pueda! Y lógicamente puede salvarse el más rico, más poderoso y más fuerte, o sea, el burgués occidental, blanco y cristiano, macho...por supuesto.

      5. LA ACTUAL OLEADA DE LUCHAS.

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